La Cabaña del tío Tom
La Cabaña del tío Tom Sea como fuere, si nuestro buen senador pecó en lo político, estaba haciendo méritos para expiar su pecado con su penitencia nocturna. Había habido una larga temporada de lluvias y la tierra fértil y blanda de Ohio, como todo el mundo sabe, se presta fácilmente a la manufactura del fango, y el camino había sido una antigua vía férrea de ese estado.
—Díganme, ¿qué tipo de carretera es esa? —preguntan los viajeros del este, acostumbrados a asociar las vías férreas solamente con la suavidad o la velocidad.
Quiero que sepas, entonces, inocente amigo del este, que en las regiones salvajes del oeste, donde el barro alcanza profundidades sublimes e incalculables, las carreteras se fabrican con troncos redondos y bastos, colocados transversalmente uno al lado de otro, y cubiertos en el primer momento con tierra, turba y todo lo que se encuentra a mano, y a eso los nativos embelesados le llaman carretera y se disponen en el acto a circular por encima. Con el paso del tiempo, las lluvias se llevan toda la turba y la tierra y zarandean los troncos hasta dejarlos colocados de forma pintoresca, con toda clase de huecos y surcos de barro negro entremedias.