La Cabaña del tÃo Tom
La Cabaña del tÃo Tom —De todas formas, algo de malo tiene el asunto —dijo la tÃa Chloe, de quien una caracterÃstica predominante era un sentido obstinado de la justicia—. No sabrÃa decir exactamente lo que es, pero tiene algo de malo, lo tengo claro.
—Debes mirar al Señor que está en el cielo, por encima de todos; ni un gorrión cae sin que Él lo sepa.
—No me consuela, aunque supongo que deberÃa —dijo la tÃa Chloe—. Pero no sirve de nada hablar; mojaré la torta de maÃz y te prepararé un buen desayuno, porque ¿quién sabe cuándo te darán otro?
Para comprender los sufrimientos de los negros vendidos para el mercado del sur, hay que tener en cuenta que los afectos instintivos de esta raza son especialmente fuertes. Su querencia por el lugar de nacimiento es muy duradera. No son atrevidos ni emprendedores por naturaleza, sino hogareños y cariñosos. Añadamos a esto los terrores que la ignorancia confiere a lo desconocido, y luego sumemos el hecho de que venderse en el sur es el castigó más severo con el que se atemoriza a los negros desde su infancia. La amenaza que les asusta más que los latigazos o las torturas de cualquier tipo es la de mandarlos rÃo abajo. Nosotros personalmente les hemos oÃdo expresar estos sentimientos y hemos visto el horror genuino con el que se reúnen en sus horas de ocio para contar historias de «rÃo abajo» que es, para ellos:
Ese paÃs desconocido, de cuyos linderos