La Cabaña del tÃo Tom
La Cabaña del tÃo Tom —¡Bendiciones! —dijo la tÃa Chloe—. ¡Yo no veo ninguna bendición! ¡Está mal que las cosas ocurran de este modo! El amo nunca hubiera debido permitir que las cosas llegaran al extremo donde tú tuvieras que saldar su deuda. Ya le has hecho ganar el doble de lo que le pagarán por ti. Te debÃa la libertad, hace años que tenÃa que habértela concedido. Quizás ahora no tiene otro remedio, pero creo que no está bien. Nada me hará pensar otra cosa. ¡Una criatura tan fiel como tú lo has sido, siempre poniendo sus intereses antes que los tuyos, y que lo apreciabas más que a tu propia mujer y a tus propios hijos! Los que venden el afecto o la sangre de un corazón, ¡no se librarán de la ira del Señor!
—¡Chloe, si me amas, no hables asÃ! ¡A lo mejor es la última vez que estamos juntos! Y te digo, Chloe, me duele oÃr siquiera una palabra en contra del amo. ¿No lo pusieron en mis brazos cuando era un bebé? Es natural que tenga buena opinión de él. No se puede esperar que él tenga para el pobre Tom la misma estima. Los amos están acostumbrados a que se lo den todo hecho, y es natural que no lo aprecien. No se puede esperar que lo hagan. Ponlo al lado de otros amos y dime, ¿a quién han tratado como a mà y quién ha vivido mejor que yo? Y no habrÃa dejado que me sucediese esto si lo hubiera sabido de antemano, estoy convencido.