La Cabaña del tÃo Tom
La Cabaña del tÃo Tom —Supongo que debemos resignarnos pero ¡ay, Señor!, ¿cómo vamos a conseguirlo? ¡Si por lo menos supiera adónde vas o qué van a hacer contigo! El ama dice que intentará recuperarte en un año o dos; ¡pero, Señor!, no vuelve ninguno de los que van allá abajo. ¡Los matan! He oÃdo hablar de la manera en que los tratan en esas plantaciones.
—Tendrán el mismo Dios allà que tenemos aquÃ, Chloe.
—Bueno —dijo la tÃa Chloe—, supongo que sÃ, pero el Señor permite que ocurran cosas terribles a veces, asà que eso no me consuela.
—Estoy en manos del Señor —dijo Tom—; las cosas no pueden ir más lejos de lo que permite, y de eso puedo dar gracias. Soy yo el que ha sido vendido y se va al sur, y no tú o los niños. Estáis a salvo aquÃ. Lo que vaya a ocurrir me ocurrirá sólo a mÃ, y el Señor me ayudará, lo sé.
¡Ay, hombre valiente, que ahogas tu propia pena para consolar a tus seres queridos! Tom habló con voz apagada y un nudo en la garganta, pero habló fuerte y gallardamente.
—Pensemos en nuestras bendiciones —añadió tembloroso, como si supiera muy bien que le convenÃa pensar en ellas.