La Cabaña del tÃo Tom
La Cabaña del tÃo Tom La tÃa Chloe le dio un cachete. —¡Toma! ¡Mira que aprovecharte de la última comida que va a hacer tu padre en casa!
—¡Vamos, Chloe! —dijo Tom con ternura.
—Pues no puedo evitarlo —dijo la tÃa Chloe, escondiendo la cara en el delantal—; estoy tan disgustada que me hace portarme mal.
Los niños se quedaron totalmente quietos, mirando primero a su padre y después a su madre, mientras la niña, trepando por sus faldas, empezó a soltar un aullido urgente e imperioso.
—¡Ya está! —dijo la tÃa Chloe, secándose los ojos y cogiendo a la nena—, ya se me ha pasado, espero. Ahora comed algo. Éste es mi mejor pollo. Tomada, niños, comed un poco, pobrecitos. Vuestra madre os ha regañado.
Los niños no necesitaron una segunda invitación y se lanzaron con gran energÃa sobre la comida; y más valÃa que fuera asÃ, porque si no es por ellos, poco provecho se habrÃa sacado de la ocasión.