La Cabaña del tÃo Tom
La Cabaña del tÃo Tom —Pues, te diré, Tom —dijo Haley, acercándose al carro y tirando dentro las esposas— voy a ser franco contigo, como lo soy con todos mis negros, y te diré, para empezar, tú me tratas bien y yo te trataré bien a ti; nunca soy duro con mis negros. Hago por ellos lo mejor que puedo. Asà que más vale que te pongas cómodo y no intentes ninguno de tus trucos, porque conozco todos los trucos de los negros y no tienes nada que hacer. Si los negros se quedan quietos y no quieren escapar, lo pasan bien conmigo. Si no, entonces es culpa suya y no mÃa.
Tom le aseguró a Haley que no tenÃa ninguna intención de escaparse en ese momento. De hecho, parecÃa una advertencia algo superflua para un hombre que llevaba un gran par de grilletes de hierro en los pies. Pero el señor Haley acostumbraba a iniciar sus relaciones con su mercancÃa con pequeñas recomendaciones de este estilo, calculadas, creÃa, a inspirar confianza y buen humor y a evitar la necesidad de escenas desagradables.
Y aquà nos despedimos, de momento, de Tom, para seguir la fortuna de otros personajes de nuestra historia.