La Cabaña del tío Tom
La Cabaña del tío Tom En el que la mercancía humana adopta un estado de ánimo poco recomendable
A finales de una tarde lluviosa, un viajero se apeó en la puerta de un pequeño hotel rural de la aldea de Nen, Kentucky. Un grupo variopinto se hallaba reunido en el bar, llevado por las inclemencias del tiempo a buscar refugio, y el lugar presentaba el aspecto habitual de tales reuniones. Lo más característico del cuadro eran los ciudadanos de Kentucky grandotes y huesudos, vestidos con camisas de caza, que arrastraban sus extremidades desgarbadas por la mayor parte de la sala con los andares perezosos típicos de la zona; sus rifles, junto con las bolsas de perdigones, los zurrones, los perros de caza y los pequeños negros, estaban apilados en los rincones. A cada extremo de la chimenea, estaba sentado un caballero de largas piernas, la silla inclinada hacia atrás, el sombrero en la cabeza y los tacones de las botas embarradas apoyadas en la repisa, postura, queremos informar a nuestros lectores, que favorecía mucho la inclinación a la reflexión inherente a las tabernas del oeste, donde los viajeros dan muestras de una clara preferencia por esta forma particular de elevar sus pensamientos.