La Cabaña del tío Tom
La Cabaña del tío Tom En el caso del señor Haley, por ejemplo: pensó primero en el tamaño de Tom, su corpulencia y su altura y el dinero que sacaría de su venta si lo mantenía gordo y en buen estado hasta llevarlo al mercado. Pensó en cuánto ganaría con toda su cuadrilla de esclavos; pensó en el valor respectivo en el mercado de los supuestos hombres, mujeres y niños que la constituirían y otros temas relacionados; luego pensó en sí mismo, en lo humanitario que era, ya que, mientras que otros hombres encadenaban a sus negros de manos y de pies, él sólo les ponía grilletes en los pies y dejaba a Tom libre para usar las manos, siempre que se portara bien; y suspiró al pensar en lo ingrata que era la naturaleza humana, pues cabía dudar que Tom apreciase su clemencia. Lo habían engañado tantos negros a los que había favorecido, que aún le asombraba más darse cuenta de lo bondadoso que seguía siendo.