La Cabaña del tÃo Tom
La Cabaña del tÃo Tom Su espléndido cuerpo, sus ágiles extremidades y su rostro despierto provocaron una competencia instantánea y media docena de pujas llegaron simultáneamente a oÃdos del subastador. Ansioso y un poco asustado, el muchacho miró de un lado a otro escuchando el alboroto de las pujas rivales, hasta que cayó el mazo. Lo habÃa conseguido Haley. Lo empujaron desde la plataforma hacia su nuevo amo pero se detuvo un momento y miró atrás, donde su pobre madre, temblando de la cabeza a los pies, tenÃa los brazos extendidos hacia él.
—¡Cómpreme a mà también, amo, por el amor de Dios! ¡Cómpreme, o moriré!
—¡Morirás si te compro, ahà está el problema! —dijo Haley—. ¡No! —y se marchó.
Las pujas para la pobre anciana fueron breves. El hombre que se habÃa dirigido a Haley y que no parecÃa carecer del todo del don de la compasión, la compró por una bagatela, y empezaron a dispersarse los espectadores.
Las pobres vÃctimas de esta venta, criadas juntas en el mismo lugar durante años, se reunieron en torno a la madre desesperada, cuyo sufrimiento era angustioso presenciar.
—¿No podÃan dejarme ni a uno? El amo siempre decÃa que me quedarÃa con uno —repetÃa una y otra vez en tono lastimero.