La Cabaña del tÃo Tom
La Cabaña del tÃo Tom —En una taberna un poco más abajo —dijo John—. ¡Ojalá pudiera verla una vez más en este mundo! —añadió.
¡Pobre John! Su pena era natural, y las lágrimas que caÃan mientras hablaba acudÃan con tanta naturalidad como si fuese blanco. Tom soltó un profundo suspiro desde el fondo de su corazón e intentó consolarlo a su torpe manera.
Y encima de sus cabezas, en la cubierta superior, estaban sentados padres y madres con sus hijos alegres revoloteando a su alrededor como mariposas; todo sucedÃa con naturalidad y llaneza.
—Eh, mamá —dijo un niño que acababa de subir desde el piso inferior—, hay un tratante de negros a bordo que tiene tres o cuatro esclavos allà abajo.
—¡Pobres criaturas! —dijo la madre en un tono entre apenado e indignado.
—¿Qué ocurre? —preguntó otra dama.
—Hay algunos pobres esclavos abajo —dijo la madre.
—Y llevan cadenas —dijo el niño.
—¡Es una vergüenza para nuestro paÃs que se vean semejantes espectáculos! —dijo otra señora.