La Cabaña del tÃo Tom
La Cabaña del tÃo Tom Pero no hace falta contar la historia demasiadas veces contada, incluso a diario, de corazones rotos y destrozados, ¡de seres débiles rotos y destrozados para beneficio y provecho de los fuertes! No hace falta contarla; se cuenta a diario, y se cuenta al oÃdo de Uno que no es sordo, aunque hace mucho tiempo que está callado.
El joven que antes habÃa defendido la causa de la humanidad y de Dios se quedó con los brazos cruzados mirando esta escena. Se volvió a Haley, que se encontraba a su lado.
—Amigo —dijo con voz gruesa— ¿cómo puede, cómo se atreve a llevar semejante negocio? ¡Mire a estas pobres criaturas! Aquà estoy yo, alegrándome el corazón de que voy a casa con mi esposa y mi hijo; y la misma campana que es la señal que hará que me lleven más cerca de ellos, separará a este pobre hombre de su esposa para siempre. No lo dude usted, Dios le hará responder de esto.
El tratante volvió la cabeza en silencio.
—Vaya, vaya —dijo el ganadero, tocándole el codo—, hay diferencias entre los clérigos, ¿verdad? Maldito Canaán no parece ser el lema de éste, ¿eh?
Haley gruñó inquieto.
—Y eso no es lo peor —dijo John—; quizás no sea el lema del Señor tampoco, a la hora de rendirle cuentas, un dÃa de éstos, como todos hemos de hacer, me parece.