La Cabaña del tÃo Tom
La Cabaña del tÃo Tom Cuando el barco se despegó crujiendo, gruñendo y resoplando del muelle y empezó a alejarse lentamente, la mujer regresó a su asiento. El tratante estaba sentado allà y ¡el niño no estaba!
—¿Qué… cómo… dónde…? —preguntó aturdida.
—Lucy —dijo el tratante—, tu niño se ha ido; lo tendrás que saber tarde o temprano. Verás, yo sabÃa que no te lo podÃas llevar al sur, y he tenido la ocasión de venderlo a una familia de primera, que lo criará mejor de lo que tú podrÃas.