La Cabaña del tÃo Tom
La Cabaña del tÃo Tom —Vamos, Tom, sé justo, pues —dijo cuando, tras una búsqueda infructuosa, se acercó a donde se encontraba Tom—. Tú sabes algo, vamos. No me digas que no; yo sé que sÃ. Yo vi a la muchacha tendida aquà a las diez, y otra vez a las doce, y entre la una y las dos; y luego a las cuatro no estaba, y tú dormÃas ahà todo el tiempo. Sabes algo, pues, es imposible que no.
—Bien, amo —dijo Tom—, antes del amanecer me rozó algo y medio desperté; después oà una gran zambullida y me desperté del todo y ya no estaba la muchacha. Eso es todo lo que sé.