La Cabaña del tío Tom
La Cabaña del tío Tom Pero, señor, ¿quién hace al tratante? ¿Quién tiene la mayor parte de culpa? ¿El hombre ilustrado, culto e inteligente que apoya el sistema del que el tratante es el resultado inevitable o el mismo tratante? Usted hace la regulación pública que permite su oficio y a él lo corrompe y pervierte hasta que ya no se avergüenza de ello; ¿en qué es mejor usted que él?
¿Usted es educado y él ignorante, usted enaltecido y él rastrero, usted refinado y él basto, usted tiene talento y él no? En el día de un juicio futuro, estas mismas consideraciones pueden inclinar el balance a favor de él y no de usted. Al concluir estos pequeños incidentes de comercio legítimo, debemos rogar al mundo que no piense que los legisladores estadounidenses carecen totalmente de humanidad como se podría inferir injustamente de los grandes esfuerzos realizados en el senado nacional por proteger y perpetuar este tipo de tráfico.
Porque ¿quién no está enterado de cómo se superan nuestros grandes hombres en arengar contra el tráfico de esclavos en el extranjero? Es edificante ver y oír la verdadera multitud de Clarkson[20] y Wilberforce que han surgido entre nosotros para defender ese tema. ¡Es feísimo traficar con negros de África, querido lector! ¡No se puede tolerar! ¡Pero traficar con negros de Kentucky es una cosa muy diferente!