La Cabaña del tÃo Tom
La Cabaña del tÃo Tom —Pasa aquà conmigo, hija mÃa; tengo noticias que darte.
Se le subió la sangre al pálido rostro de Eliza; se levantó, temblando con ansiedad nerviosa, y miró a su hijo.
—No, no —dijo la pequeña Ruth, corriendo a cogerle las manos—, no temas: son buenas noticias, Eliza. ¡Pasa, pasa! —y la empujó suavemente hacia la puerta abierta, que se cerró a sus espaldas; ella se volvió entonces y cogió al pequeño Harry en brazos y se puso a besarlo.
—Vas a ver a tu padre, pequeñÃn. ¿Lo sabes? Viene tu padre —dijo una y otra vez, mientras el niño la miraba extrañado.
Mientras tanto, tras la puerta cerrada, se desarrollaba otra escena. Rachel Halliday abrazó a Eliza y le dijo:
—El Señor ha tenido piedad de ti, hija; tu marido se ha escapado de la esclavitud.
La sangre subió a las mejillas de Eliza con un brillo súbito y luego volvió al corazón con la misma rapidez. Se sentó pálida y desmayada.
—Ten valor, hija —dijo Rachel, poniéndole la mano sobre la cabeza—. Está entre amigos, que lo traerán aquà esta noche.