La Cabaña del tío Tom
La Cabaña del tío Tom Evangeline
¡Una nueva estrella que iluminaba la vida, demasiado dulce para semejante espejo! Un ser hermoso, apenas formado o moldeado, una rosa con los pétalos aún por abrir[21].
¡El Misisipí! Cuánto han cambiado sus paisajes, como tocados por una varilla mágica, desde que Chateaubriand escribiera sobre él en prosa poética como un río de inmensas soledades, extendiéndose sin interrupción entre las maravillas inimaginables de la existencia vegetal y animal.
Pero en una hora este río de ensueño y de fábulas salvajes ha despertado a una realidad no menos visionaria y espléndida. ¿Qué otro río del mundo lleva a cuestas hasta el océano las riquezas y las empresas de un país semejante, un país cuyos productos incluyen todas las cosas entre los trópicos y los polos? Aquellas aguas turbulentas que se lanzan espumosas hacia adelante son un digno reflejo del precipitado flujo de negocios que navegan sobre sus olas dirigidos por la raza más vehemente y enérgica que el viejo mundo haya conocido jamás. ¡Ojalá no llevaran también una carga tan terrible! las lágrimas de los oprimidos, los suspiros de los desvalidos, las amargas oraciones elevadas por pobres corazones ignorantes a un Dios desconocido; desconocido, invisible y callado, pero que aún «¡saldrá de su lugar para salvar a todos los pobres de la tierra!».