La Cabaña del tío Tom
La Cabaña del tío Tom Vio a los esclavos trabajando a lo lejos; vio en lontananza sus aldeas de casuchas que relucían en largas hileras en muchas plantaciones, alejadas de las casas solariegas y las zonas de recreo de los amos; y al desenrollarse el cuadro móvil, su pobre corazón simple miraba atrás a la granja de Kentucky con sus viejas hayas frondosas, a la casa del amo, con sus amplios salones frescos y, cerca de ella, la pequeña cabaña cubierta con la rosa de pitiminí y la bignonia. Le pareció ver los rostros familiares de compañeros que habían crecido junto a él; vio a su atareada esposa, trajinando entre los preparativos de las cenas; oyó las risas alegres de sus hijos mientras jugaban y los gorjeos del bebé en su regazo; y después, de golpe, se desvaneció todo y volvió a ver deslizarse los cañaverales y los cipreses y las plantaciones y volvió a oír los crujidos y los gemidos de las máquinas, y todo le decía con demasiada claridad que esa fase de su vida había desaparecido para siempre.
En semejantes circunstancias, usted escribiría a su esposa y mandaría mensajes a sus hijos; pero Tom no podía escribir, el correo no existía para él y no había ni una palabra ni un gesto amigo para llenar el abismo de la separación.