La Cabaña del tÃo Tom
La Cabaña del tÃo Tom —Una letra señorial —dijo— y buena ortografÃa también. Bueno, pues, no estoy muy seguro, después de todo, por este asunto de la religión —dijo, con una expresión maliciosa de nuevo en los ojos—; el paÃs está al borde de la ruina por culpa de los beatos blancos: los polÃticos tan beatos que tenemos antes de las elecciones, los tejemanejes beatos que tienen lugar en todos los departamentos de la iglesia y del estado, que uno no sabe quién va a ser el próximo en engañarle. Tampoco estoy muy seguro de que la religión esté en alza en este momento en el mercado. No he mirado su cotización en bolsa últimamente en el periódico. ¿Cuántos cientos de dólares me ha sumado por el asunto de la religión?
—Me parece que está usted bromeando —dijo el tratante—; pero tiene sentido lo que dice. Sé que hay diferencias en la religión. Algunos tipos son mezquinos; algunos celebran reuniones pÃas; otros cantan a voz en grito; en aquellos casos no hay diferencias entre blancos y negros pero en éstos, ya lo creo que las hay; lo he visto muchas veces en los negros, que se vuelven poco a poco tan tranquilos, honrados y pÃos que nada en el mundo podrÃa tentarles a hacer nada que consideren que está mal; y ya ve usted en esta carta lo que dice de Tom su antiguo amo.