La Cabaña del tÃo Tom
La Cabaña del tÃo Tom —Haré que recojan del jardÃn junto al lago las primeras enebrinas que maduren para ese propósito —dijo St. Clare, tocando la campanilla al mismo tiempo—; mientras tanto, prima, debes de tener ganas de retirarte a tus aposentos para refrescarte un poco, después del viaje. Dolph —añadió—, dile a Mammy que venga —entró un minuto después la respetable mulata a la que Eva habÃa abrazado con tanto embeleso a su llegada, vestida con un turbante alto rojo y amarillo, reciente regalo de Eva, que ésta acababa de colocarle en la cabeza.
—Mammy —dijo St. Clare—, pongo a esta señora bajo tus cuidados; está cansada y necesita reposar; llévala a su habitación y asegúrate de que está cómodamente instalada —y la señorita Ophelia desapareció tras los pasos de Mammy.