La Cabaña del tÃo Tom
La Cabaña del tÃo Tom —A Tom no se le da mal explicar las Escrituras, me atrevo a afirmar —dijo St. Clare—. Tom tiene un talento natural para la religión. Yo querÃa que me sacara los caballos temprano esta mañana y me acerqué silencioso al cuartucho de Tom encima de los establos y lo oà celebrar una reunión él solo, y la verdad es que hace algún tiempo que no oigo nada tan sabroso como las oraciones de Tom. Rezó por mà con un fervor que era apostólico del todo.
—Quizás se dio cuenta de que lo escuchabas. Ya he oÃdo hablar de ese truco.
—Si era asÃ, no era muy cortés, porque le dijo al Señor su opinión de mà con mucha libertad. Tom parecÃa creer que habÃa muchas cosas que mejorar en mà y parecÃa muy empeñado en que me convirtiese.
—Espero que lo tomes en serio —dijo la señorita Ophelia.
—Supongo que tú compartes su opinión —dijo St. Clare—. Bueno, ya veremos, ¿verdad, Eva?