La Cabaña del tío Tom

La Cabaña del tío Tom

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Simeon Halliday estaba allí y le acompañaba un hermano cuáquero, que presentó como Phineas Fletcher. Phineas era alto, delgado y pelirrojo, con una expresión de perspicacia y astucia. No compartía el aire plácido, sosegado y espiritual de Simeon Halliday; al contrario, tenía un aspecto muy despierto y au fait[25], como un hombre que se enorgullece de saber lo que se hace y se mantiene siempre a la expectativa, idiosincrasias que casaban mal con su sombrero de ala ancha y su lenguaje formal.

—Nuestro amigo Phineas ha descubierto una cosa de interés para ti y los tuyos, George —dijo Simeon—; te conviene escucharlo.

—Es verdad —dijo Phineas— y demuestra lo útil que es dormir con un oído siempre abierto en ciertos sitios, como he dicho siempre. Anoche me detuve en una pequeña taberna solitaria en la carretera. ¿Te acuerdas tú del lugar, Simeon, donde vendimos manzanas el año pasado a una mujer gorda con grandes pendientes? Bien, pues estaba cansado de tanto caminar, así que, después de cenar, me tumbé sobre un montón de bolsas en un rincón y me tapé con una piel de búfalo, esperando a que me preparasen la cama; y dio la casualidad que me quedé dormido.

—¿Con un oído abierto, Phineas? —preguntó tranquilamente Simeon.


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