La Cabaña del tÃo Tom
La Cabaña del tÃo Tom —¿Está Dios de parte de ellos? —preguntó George, menos a su esposa que como desahogo de tan amargos pensamientos—. ¿Él ve todo lo que hacen ellos? ¿Por qué permite que ocurran semejantes cosas? Y nos dicen que la Biblia está de su parte; desde luego todo el poder lo está. Son ricos y sanos y felices; pertenecen a las iglesias y tienen esperanzas de ir al cielo; lo tienen todo tan fácil en este mundo, salen siempre con la suya; y los cristianos buenos, honrados y fieles, tan buenos o mejores cristianos que ellos, yacen en el polvo bajo sus pies. Los compran y los venden y comercian con su sangre y su llanto y sus lágrimas y Dios se lo permite.
—Amigo George —dijo Simeon desde la cocina—, escucha este salmo, que te puede animar.
George aproximó su silla a la puerta y Eliza se enjugó las lágrimas y se acercó también a escuchar a Simeon, que leyó lo siguiente: