La Cabaña del tÃo Tom
La Cabaña del tÃo Tom —Eliza —dijo George—, las personas que tienen amigos y casas y tierras y dinero y todas esas cosas no pueden quererse como nosotros, que no nos tenemos más que el uno al otro. Hasta que te conocÃ, Eliza, ningún ser me habÃa querido, con la excepción de mi pobre madre y mi desafortunada hermana. Vi a la pobre Emily la mañana que se la llevó el tratante. Se aproximó al rincón donde yo dormÃa y me dijo: «Pobre George, se marcha tu última amiga. ¿Qué será de ti, pobre muchacho?». Y me levanté y le eché los brazos al cuello y lloré y sollocé, y ella también lloró; y ésas fueron las últimas palabras amables que oà en diez largos años; tenÃa el corazón marchito y seco como la ceniza cuando te conocà a ti. El que tú me quisieras ¡era casi como hacerme volver de la muerte! Desde entonces soy un hombre diferente. Y ahora, Eliza, daré la última gota de mi sangre pero no permitiré que te separen de mi lado. El que se te lleve será por encima de mi cadáver.
—¡Ay, que Dios se apiade de nosotros! —dijo Eliza, sollozando—. Si Él nos deja salir juntos del paÃs, es lo único que queremos.