La Cabaña del tÃo Tom
La Cabaña del tÃo Tom —Nos harás el favor, amigo George, de no decir ni una palabra más sobre eso. Lo que hacemos es lo que nos manda hacer la conciencia; no podemos hacer otra cosa. Ahora, madre —dijo, volviéndose hacia Rachel—, apresúrate en los preparativos para estos amigos, pues no debemos dejar que se marchen hambrientos.
Y mientras Rachel y sus hijos se pusieron a hornear tortas de maÃz y asar jamón y pollo y se precipitaron a preparar los demás ingredientes de la cena, George y su esposa se quedaron sentados en su pequeño cuarto uno en brazos del otro, absortos en el tipo de conversación que pueden compartir un marido y una mujer cuando saben que al cabo de unas horas pueden separarse para siempre.