La Cabaña del tÃo Tom
La Cabaña del tÃo Tom —Entonces escucha —dijo Simeon—: «Me puse, pues, a pensar para entenderlo, ¡ardua tarea ante mis ojos! Hasta el dÃa en que entré en los divinos santuarios donde su destino comprendÃ: oh sÃ, tú en precipicios los colocas, a la ruina los empujas. ¡Ah qué pronto quedan hechos un horror, cómo desaparecen sumidos en pavores! Como en un sueño al despertar, Señor, asÃ, cuando te alzas, desprecias tú su imagen. Pero a mÃ, que estoy siempre contigo, de la mano derecha me has tomado; me guiarás en tu consejo, y tras la gloria me llevarás. Mas para mÃ, mi bien es estar junto a Dios; he puesto mi cobijo en el Señor[26]».
Las palabras sobre la confianza en Dios, pronunciadas por el afectuoso anciano, cayeron como música celestial sobre el espÃritu doliente y atormentado de George, cuyas bellas facciones tenÃan una expresión apacible y sosegada cuando terminó.
—Si este mundo fuese lo único que hay, George —dijo Simeon—, bien podrÃas preguntarte dónde está el Señor. Pero a menudo los que menos tienen en esta vida son los que elige Él para su reino. ConfÃa en Él y ocurra lo que ocurra en este mundo, lo subsanará Él en el más allá.