La Cabaña del tÃo Tom
La Cabaña del tÃo Tom —No, no, Adolph —dijo un dÃa que Adolph protestaba por la pérdida de poder—, deja en paz a Tom. Tú sólo comprendes lo que te conviene; Tom comprende el debe y el haber, y puede que el dinero se nos acabe algún dÃa si no dejamos que alguien lo administre.
Gozando de la confianza sin lÃmites de un amo descuidado, que le daba una factura sin mirarla antes y se embolsaba el cambio sin contarlo, Tom estaba expuesto a todas las tentaciones para ser deshonesto; y sólo la sencillez impugnable de su naturaleza fortalecida por su fe cristiana le salvaba de ellas. Pero para semejante naturaleza, la ilimitada confianza depositada en él era suficiente en sà misma para garantizar una honradez escrupulosa.