La Cabaña del tío Tom
La Cabaña del tío Tom Las experiencias y opiniones de la señorita Ophelia
En sus sencillas cavilaciones, nuestro amigo Tom a menudo comparaba su destino más favorecido, dentro de la esclavitud, con el de José de Egipto; de hecho, cuanto más tiempo pasaba y más conocía a su amo, más le parecía que crecía la fuerza del paralelismo.
St. Clare era perezoso y descuidado con el dinero. Hasta la fecha, las compras y las ventas habían sido realizadas por Adolph, que era exactamente igual de descuidado y derrochador que su amo; entre los dos, el proceso de dilapidación avanzaba a gran velocidad. Tom, acostumbrado durante años a ver la propiedad de su amo como responsabilidad suya, veía con una inquietud que apenas conseguía reprimir los despilfarros de la hacienda y, a veces, con las formas discretas e indirectas a menudo adquiridas por los de su condición, se atrevía a hacer alguna sugerencia.
Al principio, St. Clare le consultaba de vez en cuando, pero, impresionado por la solidez de sus ideas y su buena capacidad para los negocios, iba confiando en él cada vez más, hasta que finalmente era el encargado de realizar toda la administración de la familia.