La Cabaña del tío Tom
La Cabaña del tío Tom Tras una hora de camino llegó el grupo a una cuidada granja, donde invitaron a los fatigados viajeros a un desayuno abundante. Poco después, Tom Loker fue cuidadosamente depositado en una cama mucho más limpia y blanda de lo que estaba acostumbrado. Le limpiaron y curaron la herida y yacía abriendo y cerrando lánguidamente los ojos como un niño cansado ante las cortinas blancas y las figuras que se deslizaban suavemente por su habitación. Y aquí de momento nos despediremos de este grupo.