La Cabaña del tÃo Tom
La Cabaña del tÃo Tom —Bien, sólo es una herida superficial bastante extensa; pero dar tumbos por el barranco no le ha ayudado mucho. Ha sangrado bastante, suficiente para agotarlo y dejarlo sin valor, pero lo superará y puede que aprenda alguna cosa de ello.
—Me alegro de que lo diga —dijo George—. Siempre me pesarÃa pensar que habÃa sido responsable de su muerte, aunque la causa era justa.
—Sà —dijo Phineas—, matar es un asunto feo, se mire como se mire, a hombre o a bestia. He visto un ciervo que morÃa de un tiro mirar de tal manera que casi te hacÃa sentirte malvado por matarlo; y las criaturas humanas son un asunto más serio aun, ya que, como ha dicho tu mujer, les espera el juicio después de la muerte. Asà que no creo que sean muy estrictas las ideas de los nuestros sobre estas cuestiones; yo, desde luego, gracias a mi educación, las acepté sin pensarlo.
—¿Qué hará con este pobre hombre? —preguntó George.
—Pues llevarlo a casa de Amanah. Allà vive la abuela Stephens, de nombre de pila Dorcas, que es una enfermera extraordinaria. Lo suyo es la enfermerÃa y nunca está tan contenta como cuando tiene a un enfermo a quien cuidar. Podemos dejarlo en sus manos durante unos quince dÃas.