La Cabaña del tío Tom
La Cabaña del tío Tom »Yo era un niño entonces pero tenía el mismo cariño que tengo ahora por todo lo humano, una especie de pasión por el estudio de la humanidad, bajo cualquiera de sus formas. Se me veía mucho en las cabañas y entre los trabajadores del campo y, naturalmente, era un gran favorito entre ellos; me contaban todo tipo de quejas y agravios, y yo se los contaba a mi madre y entre los dos formamos una especie de comité para remediar los agravios. Obstaculizamos e impedimos una gran cantidad de crueldades y nos congratulábamos por hacer una gran cantidad de bien hasta que, como ocurre a menudo, me excedí en el celo. Stubbs se quejó a mi padre de que no podía manejar a los braceros y que debía dimitir. Mi padre era un marido cariñoso e indulgente, pero un hombre que no vacilaba en hacer lo que considerase preciso, por lo que se interpuso, firme como una roca, entre los braceros y nosotros. Le dijo a mi madre, con un lenguaje perfectamente considerado y respetuoso, pero muy explícito, que ella sería el ama absoluta de los sirvientes de la casa, pero que no consentía que interfiriese con los trabajadores del campo. Él la adoraba y reverenciaba más que ninguna otra cosa en el mundo, pero hubiese dicho lo mismo a la Virgen María si ella se hubiera interpuesto en su sistema.