La Cabaña del tío Tom
La Cabaña del tío Tom »A veces oía a mi madre razonar con él sobre algunos casos; intentaba despertar su compasión. Él escuchaba los ruegos más patéticos con la educación y ecuanimidad más desalentadoras. «Todo se reduce a lo siguiente», decía, «¿debo deshacerme de Stubbs o quedarme con él? Stubbs es el colmo de la puntualidad, la honradez y la eficiencia, un genio para los negocios y tan humanitario como la mayoría. No podemos optar a la perfección; si me quedo con él, debo apoyar toda su administración, aunque haya, de vez en cuando, incidentes reprochables. Todo gobierno encierra algo de dureza inevitable. Las reglas generales serán duras en casos concretos». Mi padre parecía considerar definitiva esta máxima en la mayoría de los supuestos casos de crueldad. Después de decir eso, solía recoger los pies en el sofá, como un hombre que ha ultimado un negocio, y ponerse a dormir la siesta o leer el periódico, según la ocasión.