La Cabaña del tío Tom
La Cabaña del tío Tom »Tenía algunos bellos cuadros antiguos, especialmente uno que mostraba a Jesús curando a un ciego. Eran muy buenos y me impresionaban mucho. «Mira allí, Auguste», decía, «el ciego era un mendigo, pobre y despreciable; pero no lo curó a distancia. Lo llamó y le puso las manos encima. Recuerda esto, hijo mío». Si hubiera vivido bajo sus cuidados hasta hacerme mayor, puede que me hubiese infundido un no-sé-qué de entusiasmo. Puede que hubiese sido un santo, un reformador, un mártir… pero, por desgracia, me alejé de ella cuando tenía trece años y nunca la volví a ver.
St. Clare descansó la cabeza en las manos y estuvo unos minutos sin hablar. Después de un rato, levantó la vista y siguió: