La Cabaña del tío Tom
La Cabaña del tío Tom —Pero su patrón dispone de él como si lo hubiera comprado. El dueño de esclavos puede azotar al esclavo recalcitrante hasta matarlo, y el capitalista puede matarlo de hambre. En cuanto a la seguridad de la familia, es difícil saber cuál es peor, que te vendan a los hijos o ver cómo se mueren de hambre en casa.
—Pero no es disculpa para la esclavitud demostrar que no es peor que otra cosa.
—No lo he dicho como disculpa; no, además diré que la nuestra es una violación más descarada y palpable de los derechos humanos: comprar de hecho a un hombre como si fuera un caballo, mirándole los dientes, moviéndole las articulaciones y haciéndole pruebas para después pagar por él con dinero en efectivo, el que tengamos especuladores, criadores, tratantes y corredores de cuerpos y almas humanos, todo eso pone el asunto a los ojos del mundo civilizado en una forma más tangible, aunque sea por su naturaleza igual; es decir adueñarse un grupo de seres humanos de otro para su uso y disfrute sin tener en cuenta sus propios intereses.
—Nunca he pensado en el tema desde ese punto de vista dijo la señorita Ophelia.