La Cabaña del tÃo Tom
La Cabaña del tÃo Tom —Oh, sÃ, señor —dijo Topsy con otro pÃcaro destello, mientras mantenÃa las manos piadosamente juntas.
—Bien, Augustine, ¿por qué haces todo esto? —preguntó la señorita Ophelia—. Tienes la casa tan llena ya de estos bribonzuelos que una no puede apoyar el pie en el suelo sin pisar a alguno. Me levanto por la mañana y me encuentro con uno durmiendo detrás de la puerta, veo la cabecita negra de otro asomándose por debajo de la mesa, otro tumbado en el felpudo, y están todos amontonados haciendo muecas junto a la barandilla y revolcándose en el suelo de la cocina. ¿Para qué has traÃdo a ésta?
—Para que la eduques, ¿no te lo he dicho? Siempre estás sermoneando sobre la educación. Se me ha ocurrido regalarte un espécimen recién atrapado para que pruebes la mano con ella y la eduques como te parezca que debe ser.
—Yo no la quiero, desde luego; ya tengo más tratos con ellos de lo que quisiera.