La Cabaña del tÃo Tom
La Cabaña del tÃo Tom —¡Eso es tÃpico de vosotros los cristianos! Organizáis una sociedad y enviáis a algún pobre misionero para que se pase todos los dÃas de su vida entre estos paganos. Pero me gustarÃa ver a alguno de vosotros dispuesto a acoger en vuestra casa a uno de ellos y ocuparos personalmente de su conversión. No, a la hora de la verdad, os parecen sucios y desagradables y es demasiado trabajo y demás.
—Augustine, sabes que no lo veÃa bajo ese punto de vista —dijo la señorita Ophelia ablandándose a ojos vistas—. Bien, puede que sea trabajo de misionero realmente —dijo, dirigiendo a la niña una mirada más positiva.
St. Clare habÃa tocado la fibra adecuada. La conciencia de la señorita Ophelia estaba siempre alerta.
—Pero —añadió— realmente no me parecÃa necesario comprar a ésta; ya hay bastantes en tu casa para ocupar todo mi tiempo y mi habilidad.