La Cabaña del tÃo Tom
La Cabaña del tÃo Tom —Entonces, prima —dijo St. Clare apartándola a un lado—, debo pedirte perdón por mis discursos inútiles. La verdad es que eres tan buena que no hacen falta para nada. Este artÃculo, de hecho, era propiedad de un par de borrachos que dirigen un restaurante vulgar por donde paso a diario, y me cansé de oÃrla chillar a ella y a ellos golpearla y maldecirle. TenÃa un aspecto de ser inteligente y divertida, también, de que se podÃa hacer algo con ella; asà que la he comprado y te la entrego a ti. Tú intenta darle una buena educación ortodoxa de Nueva Inglaterra y veremos lo que resulta. Sabes que yo no tengo talento para ello, pero me gustarÃa que lo intentaras tú.
—Bien, haré lo que pueda —dijo la señorita Ophelia; y se acercó a su pupila como una persona se podrÃa acercar a una viuda negra, siempre que sus intenciones hacia ella sean benévolas.
—Está terriblemente sucia y medio desnuda —dijo.
—Pues llévatela abajo y haz que la limpien y vistan.
La señorita Ophelia la condujo a la zona de la cocina.
—¡No veo para qué el señorito St. Clare quiere otra negra! —dijo Dinah, mirando a la recién llegada con cara de pocos amigos—. ¡Yo no quiero tenerla bajo los pies, desde luego!