La Cabaña del tÃo Tom
La Cabaña del tÃo Tom —¡Mire eso! —dijo Jane, señalando las cicatrices—. ¡Eso nos demuestra que es un trasto! Tendremos problemas con ella, ya lo creo. Odio a estos pequeños negros, tan sucios. Me sorprende que la haya comprado el amo.
La «pequeña» en cuestión escuchó todas estas alusiones a su persona con un aire triste y sumiso que parecÃa habitual en ella, pero escudriñaba, con una mirada aguda aunque furtiva de sus ojos inquietos, los adornos que llevaba Jane en las orejas. Cuando por fin estuvo ataviada con un vestido entero y decente, con el cabello corto rodeándole la cara, la señorita Ophelia dijo con cierta satisfacción que parecÃa más cristiana que antes y empezó a urdir planes para su formación.
Sentándose ante ella, comenzó a interrogarla.
—¿Cuántos años tienes, Topsy?
—No lo sé, amita —dijo la criatura, con una sonrisa que dejaba al descubierto toda su dentadura.
—¿Que no sabes cuántos años tienes? ¿Nadie te lo ha dicho nunca? ¿Quién era tu madre?
—Nunca la he tenido —dijo la niña con otra sonrisa.
—¿Que nunca has tenido madre? ¿Qué quieres decir? ¿Dónde naciste?