La Cabaña del tÃo Tom
La Cabaña del tÃo Tom —Sà que lo he dicho —dijo la tÃa Chloe— y lo mantengo. Comida buena y sencilla, eso es lo que prepara Jinny. Hace buen pan de maÃz, hierve bien sus patatas, sus tortas de avena no son extraordinarias, pero están bien; pero si hablamos de cosas más elevadas, ¿qué sabe hacer? Pues hace empanadas, ya lo creo, pero ¿con qué clase de corteza? ¿Sabe hacer un milhojas ligero como una pluma que se deshace en la boca? Bien, pues, yo fui allà cuando se iba a casar la señorita Mary, y Jinny me mostró las empanadas de la boda. Jinny y yo somos buenas amigas, ¿sabe? No dije palabra, pero, ¡vaya, señorito George! Yo no hubiera podido dormir en una semana si hubiera hecho unas empanadas asÃ. No valÃan nada en absoluto.
—Supongo que Jinny pensó que estaban estupendas —dijo George.
—¡Pues ya lo creo que lo pensó! ¿No las mostraba a todo el mundo, la muy inocente? Ahà está la cuestión: Jinny no sabe. Dios, si la familia no son nadie, ¿cómo se puede esperar que ella sepa? ¡No es culpa suya! Señorito George, no sabe usted cuántos privilegios tiene por su familia y su educación —suspiró la tÃa Chloe, haciendo girar los ojos con la emoción.
—Desde luego, tÃa Chloe, conozco todos mis privilegios en cuanto a pasteles y empanadas —dijo George—. Pregúntale a Tom Lincoln si no presumo de ellos cada vez que nos vemos.