La Cabaña del tÃo Tom
La Cabaña del tÃo Tom —¡Que Dios le bendiga, señorito George! —Dijo la tÃa Chloe, muy seria, cogiéndole del brazo—. ¡No irá a cortarlo con ese enorme cuchillo pesado! ¡Lo destrozará, estropeará la forma tan bonita que tiene! Tome, aquà tengo un cuchillo fino que mantengo afilado aposta. ¡MÃrelo, pues, se corta como si fuera mantequilla! Coma, coma, no encontrará nada mejor que eso.
—Dice Tom Lincoln —dijo George con la boca llena— que su Jinny es mejor cocinera que tú.
—¡Esos Lincoln no son nadie, desde luego! —dijo con desprecio la tÃa Chloe—; quiero decir, comparados con nuestra gente. Son bastante respetables, a su manera sencilla, pero no tienen idea de lo que es la elegancia. Pongamos al señor Lincoln al lado del señor Shelby, pues. ¡Dios mÃo! Y la señora Lincoln, ¿puede entrar en una habitación como mi señora, tan majestuosa? ¡Calle, calle! ¡No me hable de esos Lincoln! —y la tÃa Chloe sacudió la cabeza como una entendida del mundo.
—Pues yo te he oÃdo decir —dijo George— que Jinny era buena cocinera.