La Cabaña del tÃo Tom
La Cabaña del tÃo Tom —Topsy, tendré que azotarte si mientes de esta manera.
—Caramba, amita, aunque se pase el dÃa azotándome, no se lo puedo decir de otra forma —dijo Topsy, empezando a llorar ruidosamente—. Nunca he visto eso antes; ha debido de enredárseme en la manga. La señorita Ophelia ha debido de dejarla en la cama y se habrá enredado con las sábanas y con mi manga.
La señorita Ophelia estaba tan indignada ante la mentira descarada que cogió a la niña y la sacudió.
—¡No me vuelvas a decir eso!
Al sacudirla, cayó el guante al suelo desde la otra manga. —¿Lo ves? dijo la señorita Ophelia—. ¿Aún dices que no has robado la cinta?
En esto Topsy confesó haber cogido los guantes pero persistió en su negativa a reconocer haber robado la cinta.
—Bien, Topsy —dijo la señorita Ophelia—, si lo confiesas todo, no te azotaré esta vez.
Ante esta posibilidad, Topsy confesó el robo de la cinta y de los guantes, haciendo lastimosas protestas de arrepentimiento.
Ahora cuéntame. Sé que has debido de coger otras cosas desde que estás en la casa, pues ayer te dejé corretear libremente por ahÃ. Asà pues, dime si cogiste algo y no te azotaré.