La Cabaña del tÃo Tom
La Cabaña del tÃo Tom —¡Caramba, amita, cogà esa cosa roja que lleva la señorita Eva al cuello!
—¡Vaya, qué niña más malvada! Bien, ¿qué más?
—Cogà los pendientes de Rosa, aquellos rojos.
—Tráeme ambas cosas inmediatamente.
—Caramba, amita, no puedo. Están todas quemadas.
—¿Quemadas? ¡Qué mentira! Ve a traerlas o te azotaré.
Topsy declaró, entre ruidosas protestas y lágrimas, que era imposible.
—¡Las he quemado!
—¿Y por qué las has quemado? preguntó la señorita Ophelia.
—Porque soy mala, por eso. Soy muy, muy mala. No puedo evitarlo.
En ese momento, entró Eva inocentemente en la habitación, llevando al cuello el susodicho collar rojo.
—Vaya, Eva, ¿de dónde has sacado el collar? —preguntó la señorita Ophelia.
—¿Sacarlo? Pues no me lo he quitado en todo el dÃa.
—¿Lo llevabas ayer?
—SÃ, y fÃjate qué cosa más rara, tÃa, lo tuve puesto toda la noche. Se me olvidó quitármelo al acostarme.