La Cabaña del tÃo Tom
La Cabaña del tÃo Tom —Siempre hay que pegar a los niños —dijo la señorita Ophelia—; nunca he oÃdo decir que se les pueda educar sin pegarles.
—Desde luego —dijo St. Clare—; haz lo que parezca mejor. Sólo te hago una sugerencia: he visto cómo pegaban a esta niña con el atizador y la derribaban con la pala o las pinzas del fuego, lo que hubiera más a mano, y cosas por el estilo; y puesto que está acostumbrada a ese tipo de trato, creo que tus azotainas tendrán que ser bastante enérgicas para causarle alguna impresión.
—¿Qué hago con ella entonces? —preguntó la señorita Ophelia.
—Has planteado una pregunta muy seria —dijo St. Clare—; me gustarÃa que la contestaras tú. ¿Qué hacer con un ser humano que sólo obedece al látigo cuando falla éste? ¡Es algo que ocurre aquà con frecuencia!
—No lo sé; nunca he visto a una niña como ésta.
—Este tipo de niños es muy frecuente entre nosotros, y este tipo de hombres y mujeres también. ¿Cómo deben ser gobernados? —preguntó St. Clare.
—Es más de lo que yo pueda saber, desde luego —dijo la señorita Ophelia.