La Cabaña del tÃo Tom
La Cabaña del tÃo Tom —Pues no puedo decir que te agradezca el experimento. Pero, ya que parece ser una obligación, seguiré adelante y lo haré lo mejor que pueda —dijo la señorita Ophelia; y después de esto, la señorita Ophelia realmente trabajó con su nueva alumna con un grado meritorio de celo y energÃa. Le impuso un horario regular de actividades y se comprometió a enseñarle a leer y a coser.
Para la primera de estas habilidades, la niña era bastante despierta. Aprendió las letras como por arte de magia y pronto era capaz de leer textos sencillos; pero la costura era un asunto más difÃcil. La criatura era ágil como un gato y activa como un mono y la limitación de la costura le era insoportable, por lo que rompÃa las agujas, las tiraba disimuladamente por la ventana o las introducÃa en las grietas de las paredes; enredaba, rompÃa o ensuciaba el hilo o, con un movimiento solapado, se deshacÃa de una bobina completa. Sus movimientos eran casi tan rápidos como los de un prestidigitador experto y el control de sus facciones era igual de habilidoso; y aunque la señorita Ophelia no podÃa menos que sospechar que era imposible que ocurrieran tantos accidentes uno tras otro, sin una vigilancia que no la hubiese dejado dedicarse a otra cosa no conseguÃa sorprenderla.