La Cabaña del tÃo Tom
La Cabaña del tÃo Tom —Bien, los niños nunca lo entienden al principio; pero cuando se hacen mayores, sà lo entienden.
—Yo no lo entiendo todavÃa —dijo St. Clare— aunque puedo dar fe de que me lo hiciste aprender a base de bien cuando era pequeño.
—Siempre has sido bueno para aprender, Augustine. Yo tenÃa grandes esperanzas puestas en ti —dijo la señorita Ophelia.
—¿Y ya no las tienes? —preguntó St. Clare.
—Quisiera que fueras tan bueno como cuando eras un niño, Augustine.
—Yo también y es la pura verdad, prima —dijo St. Clare—. Bien, ve a catequizar a Topsy; quizás sirva para algo.
Topsy, que se habÃa quedado quieta como una estatua negra durante esta conversación, con las manos cruzadas beatÃficamente, a una señal de la señorita Ophelia prosiguió:
—«Nuestros primeros padres, dejados a su libre albedrÃo, cayeron del estado en el que los habÃan creado» —centellearon los ojos de Topsy, que puso expresión inquisitiva.
—¿Qué pasa, Topsy? —preguntó la señorita Ophelia.
—Por favor, amita, ¿ése era el estado de Kentucky?
—¿Qué estado, Topsy?