La Cabaña del tÃo Tom
La Cabaña del tÃo Tom —¡Caramba, cómo azota la señorita Feely! ¡Sus azotainas no matarÃan a un mosquito! DeberÃais ver cómo mi antiguo amo me hacÃa volar la piel; ¡ése sà que sabÃa azotar!
Topsy siempre capitalizaba sus propios pecados y crÃmenes, ya que evidentemente los consideraba una señal de distinción.
—Caramba, negros —solÃa decir a su público—, ¿sabéis que sois todos unos pecadores? Pues lo sois, todo el mundo lo es. Los blancos también son pecadores, lo dice la señorita Feely; pero supongo que los negros somos peores, ¡pero ninguno de vosotros me llega a la suela de los zapatos! Soy tan mala que no hay nada que hacer conmigo. TenÃa a mi antigua ama maldiciéndome casi todo el tiempo. Creo que soy la criatura más malvada del mundo y Topsy daba una voltereta y venÃa a caer sobre un nivel superior de la escalera, pavoneándose.
La señorita Ophelia trabajaba muy en serio los domingos para enseñarle catequesis a Topsy. Esta tenÃa una memoria verbal poco común y aprendÃa con una facilidad que animaba muchÃsimo a su profesora.
—¿Qué provecho crees tú que va a sacarle? —preguntó St. Clare.
—Pues siempre ha sido provechoso para los niños. Es lo que deben aprender los niños, ya sabes —dijo la señorita Ophelia.
—Aunque no lo entiendan —dijo St. Clare.