La Cabaña del tÃo Tom
La Cabaña del tÃo Tom —No te entiendo, Chloe —dijo la señora Shelby, convencida, por lo que conocÃa de la manera de ser de Chloe, de que ésta habÃa oÃdo cada palabra de la conversación que tuvo lugar entre su marido y ella.
—Diablos, ama —dijo Chloe, riéndose otra vez—, algunos alquilan a sus negros a otros para ganar dinero con ellos. No mantienen a toda la tribu en casa a mesa y mantel.
—Y bien, Chloe, ¿a quién propones que alquilemos?
—¡Diablos, yo no propongo nada! Sólo que dijo Sam que habÃa un pastero de Louisville que decÃa que buscaba a alguien que tuviera buena mano para los pasteles y los hojaldres; y dijo que pagarÃa cuatro dólares a la semana.
—¿SÃ, Chloe?
—Bueno, pues yo estaba pensando, ama, que ya iba siendo hora de poner a Sally a hacer algo. Sally lleva ya algún tiempo a mi cuidado y cocina casi tan bien como yo, dadas las circunstancias; y si el ama me dejase ir a mÃ, yo podrÃa ayudar a ganar el dinero. No tengo miedo de competir con un pastero con mis pasteles o con mis hojaldres.
—Pastelero, Chloe.
—Diablos, ama, ¿qué más da? Las palabras son tan raras que nunca consigo aclararme.
—Pero, Chloe, ¿quieres dejar a tus hijos?