La Cabaña del tÃo Tom
La Cabaña del tÃo Tom —Por favor, ama —dijo.
—Bien, Chloe, ¿qué ocurre? —preguntó su ama, levantándose y caminando hacia el extremo del porche.
—¿Quiere venir el ama a echar un vistazo a estos pollinos?
Chloe tenÃa la manÃa de llamar pollinos a los pollos, una aplicación del lenguaje que se empeñaba en usar a pesar de las frecuentes correcciones y consejos de los miembros más jóvenes de la familia.
—¡Diablos! —decÃa ella—. ¿Qué más da? Una palabra es tan buena como otra; los pollinos están buenos, de todas formas y seguÃa llamándoles pollinos.
La señora Shelby sonrió al contemplar una partida de pollos y patos que yacÃan bajo la mirada seria y pensativa de Chloe.
—Me pregunto si el ama preferirÃa una empanada de gallina o de pato.
—La verdad, tÃa Chloe, me da igual; sirve lo que quieras.
Chloe se quedó de pie tocándolos con aire distraÃdo; era del todo evidente que no era en los pollos en lo que estaba pensando. Por fin, con la breve risa con la que los de su raza a menudo introducen una proposición dudosa, dijo:
—Diablos, ama ¿cómo pueden preocuparse los amos por el dinero si no utilizan lo que tienen en las manos? y Chloe se rió de nuevo.