La Cabaña del tÃo Tom
La Cabaña del tÃo Tom —¡Diablos, señorito George! ¿A que no sabÃa usted que me iba a Louisville mañana? —le dijo a George, cuando entró éste en la cabaña y la vio ordenando la ropa de su bebé—. Sólo repaso estas cosas y las ordeno. Pero me voy, señorito George; me van a dar cuatro dólares a la semana; ¡y el ama lo va a ahorrar todo para comprar de nuevo a mi viejo!
—¡Vaya! —dijo George— ¡qué buen asunto! ¿Cómo te vas?
—Me voy mañana con Sam. Y ahora, señorito George, sé que usted se sentará para escribirle a mi viejo y contárselo, ¿verdad?
—Por supuesto —dijo George—; el tÃo Tom se alegrará de tener noticias nuestras. Voy a la casa ahora mismo a por papel y tinta; y luego, como sabes, tÃa Chloe, le puedo contar lo de los potros nuevos y todo.
—Por supuesto, señorito George; usted márchese y yo le prepararé un poco de pollino o algo asÃ; no comerá muchas más cenas con su pobre tÃa.