La Cabaña del tÃo Tom
La Cabaña del tÃo Tom —El hijo de la pobre Prue era lo único que tenÃa ella, ¡y sin embargo tuvo que oÃrlo llorar y no podÃa remediarlo! Papá, estas pobres criaturas quieren a sus hijos tanto como tú me quieres a mÃ. ¡Haz algo por ellos! La pobre Mammy ama a sus hijos; la he visto llorar cuando hablaba de ellos. Y Tom ama a sus hijos; ¡y es terrible, papá, que ocurran estas cosas todo el tiempo!
—Vamos, vamos, cariño —dijo St. Clare, tranquilizándola—, no te aflijas; no hables de morirte, y haré cualquier cosa que me pidas.
—Y prométeme, querido papá, que Tom será libre en cuanto… —se detuvo, y luego dijo vacilante— yo me haya ido.
—SÃ, querida, haré cualquier cosa, lo que tú me pidas.
—Querido papá —dijo la niña, juntando su mejilla ardiente con la de él—, ¡ojalá pudiéramos ir juntos!
—¿Adónde, cariño? —preguntó St. Clare.
—A casa de nuestro Salvador; es tan tranquilo y pacÃfico allÃ, ¡todo es amor! —la niña hablaba sin darse cuenta, como si se tratara de un lugar donde habÃa estado muchas veces—. ¿No quieres ir, papá?
St. Clare la estrechó más pero no dijo nada.