La Cabaña del tÃo Tom
La Cabaña del tÃo Tom —Vendrás a buscarme —dijo la niña, hablando con un tono de sosegada certeza que a menudo utilizaba inconscientemente.
—Yo te seguiré. Nunca te olvidaré.
Las sombras de la tarde solemne se cernÃan cada vez más oscuras a su alrededor, y St. Clare se quedó en silencio sujetando el pequeño cuerpo junto a su pecho. Ya no volvió a ver sus ojos profundos pero oyó su voz como una voz del espÃritu y, en una especie de visión del juicio, toda su vida anterior pasó en un momento ante sus ojos: las oraciones y los himnos de su madre; sus propias ansias y aspiraciones juveniles de bondad; y, entre ellas y la hora presente, los años de mundanalidad y escepticismo, y lo que los hombres llaman vida respetable. Podemos pensar mucho, muchÃsimo, en un instante. St. Clare vio y sintió muchas cosas, pero no dijo nada; y, cuando cayó la noche, llevó a su hija a su cuarto; y, cuando estaba preparada para descansar, echó a sus cuidadores y la meció entre sus brazos y le cantó hasta que se quedó dormida.